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Dr. Mariano Maura
Reunión Anual de REFORMA
16 de enero de 2004
EL MERCADO DE LA INFORMACIÓN PARA ENSEÑAR, INVESTIGAR Y PENSAR EN ESPAÑOL. RECURSOS BIBLIOGRÁFICOS. Asamblea Anual de Reforma, Capítulo de Puerto Rico Cayey, 10 de mayo de 2002 Dr. Primitivo Martínez Pinceladas sugerentes ante un tema sugerido Queda atrás, muy atrás, el concepto bancario de la educación de la que nos habla Pablo Freire en la Pedagogía del Oprimido: yo sé, tú no sabes; yo enseño, tú aprendes. Nadie enseña a nadie, todos aprendemos unos con otros en contacto con el mundo. El mercado de la información; pensar e investigar en español; fuentes bibliográficas, son todas variables que necesitan un adecuado cuadro de referencia, un contexto, unos parámetros para su explicación e intelección, porque se dan, hoy día – en el inicio de un nuevo siglo, en un modernismo tardío, o postmodernismo, según otros - en una sociedad en red, en una aldea global de la que McLuhan hablaba con demasiado optimismo y eufemismo, con un sistema neoliberal en lo económico que conlleva grandes concentraciones de capital y mayores desigualdades económicas. Las editoriales, por ejemplo, se concentran cada vez más en menos manos con más capital, control y beneficios, mientras los intermediarios: libreros, pequeñas editoriales, sufrimos la crísis de los embates de las nuevas tecnologías: internet, libros electrónicos, CD’s, y sobre todo de las máquinas fotocopiadoras que dan al traste con los derechos de autor y afectan negativamente el mercado editorial y del librero. Las grandes editoriales suben los precios, cambian ediciones, establecen nuevas políticas de pagos, reducción de descuentos y límites en devoluciones. La oferta, con nuevas librerías y sobre todo con las grandes cadenas de distribución, estilo Borders, se incrementa. La demanda se mantiene relativamente constante y se dirige a las cadenas, ubicadas en Centros Comerciales, con mejores facilidades de estacionamiento, de servicios y, a veces, de precios, porque no son los mismos descuentos que las grandes editoriales ofrecen a las grandes cadenas que a la de los pequeños libreros. Surge la agonía unamuniana, en el sentido de lucha. La crísis lleva años e ignoro cuántos más nos restan. Es una de las contradicciones y paradojas del neoliberalismo; la igualdad económica y de posibilidades es sólo posible en teoría. El principio económico del multiplicador de la inversión, que es inversamente proporcional a la propensión marginal al ahorro, claramente nos lo indica. En sencillo lenguage cervantino: el que tiene un millón puede más fácilmente ganar otro que el que sólo tiene mil dólares. ¿Pensar e investigar en español? La globalización, esa preconizada y manoseada aldea global, sería más acertado hablar de un mundo en red, tiende al pensamiento único. Que es como si de un plumazo elimináramos la biodiversidad biológica y estableciéramos una única célula en el universo. En contra del pensamiento único, se habla de multiculturalismo, de múltiples cosmovisiones, perspectivas e idiosincrasias. La belleza y la riqueza está en lo polivalente, en lo multifacético, en la diversidad. Lo único sólo es único para los únicos, que son los dominantes. Contra univocidad, analogía; contra unicidad, multiplicidad; contra monoculturalismo, multiculturalismo; contra una sola lengua, multiplicidad de idiomas. Incluso en cada lengua existen departamentos lingüísticos, étnicos y culturales. Ese mundo en red que, dado el sensacionalismo de los medios de comunicación y nuestro solapado instinto sadomasoquista, con sus trágicas noticias perturba nuestra paz y nos hace aún más difícil conseguir el arte de la felicidad, que ya se está convirtiendo en utopía. Dentro de esta modernidad tardía en la que nos encontramos, la globalización ha reducido las funciones de las instituciones políticas tradicionales y, paralelamente, se ha facilitado una mayor afirmación del particularismo. Vivimos en una situación cultural y social que navega entre dos aguas aparentemente contrapuestas, y a veces contradictorias, como son la globalización y la diferenciación. Se hablaba, a finales del siglo XX, de homogeneización planetaria, de pensamiento único, de única economía neoliberal y de una globalización sociocultural. Pero aparecen reivindicaciones de la diversidad cultural ante esta homogeneización, y de la comunidad ante la sociedad global, del particularismo frente al universalismo, de lo multicultural ante lo monocultural. Esta crísis, que significa precisamente el fin de la modernidad y el principio de la postmodernidad, o al menos de una modernidad tardía, acarrea contradicciones o fuertes antagonismos dialécticos y existenciales. Hoy, en el modernismo tardío o en el postmodernismo, necesariamente se piensa e investiga en red. Hacerlo de otra forma sería, además de anacrónico, disfuncional. No es posible investigar sólo en español; existen, por suerte, traducciones y, para el investigador, se impone que sea políglota. El proceso educativo de la sociedad postmoderna, en la que el profesional bibliotecario ejerce un papel de primera categoría, pasa por fortalecer a la persona como sujeto de sus experiencias, pensamientos, deseos y afectos. Aprender es siempre tomar información del entorno en función de un proyecto personal. Sólo el sujeto puede decidir aprender. El aprendizaje consiste en atreverse a subvertir los modos de ser; es un acto de rebeldía contra todos los fatalismos y todos los aprisionamientos; es la afirmación de una libertad que permite a un ser desbordarse a sí mismo, decía Philippe en Frankenstein Educador. En el contexto social contemporáneo, de la aldea global, donde los individuos se contruyen sumergidos en redes telemáticas de transmisión de informaciones y contenidos simbólicos, la tarea de la escuela – universidad es facilitar la reconstrucción consciente por parte de la persona de su cultura intuitiva y experiencial, la de su socialización integradora. El déficit de nuestros estudiantes no es, por lo general, un déficit de informaciones y datos, sino de organización significativa y relevante de las informaciones fragmentarias y sesgadas que reciben en su vida cotidiana, sumergidas en el oxígeno de los medios de comunicación. La escuela – universidad ya no puede considerarse una institución dedicada a la transmisión del conocimiento y el desarrollo exclusivo de los aspectos cognitivos de la personalidad. Debe buscar el desarrollo total, armónico e integrador de la persona en sus funciones emotivas y en el resto de las capacidades y actitudes de sus múltiples inteligencias. Para mejor entender el hoy, veamos una breve síntesis histórica del ayer de la Pedagogía. Desde el Renacimiento, y sobre todo a partir de finales del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX, se ponían las bases teóricas de la Pedagogía como disciplina independiente para así dejar de ser prisionera y esclava de la Filosofía. La educación empieza a tener como objetivo desarrollar en los alumnos las virtudes fundamentales, tanto morales como intelectuales. El proceso de aprendizaje se centraba en la adquisición de conocimientos, en el que la memoria desempeñaba un papel determinante, objetivo que el maestro conseguía mediante el libro, la disciplina y el trabajo, expresados en los ejercicios escolares. Los espacios eran cerrados, los programas y contenidos acríticos, la actitud del alumno pasiva, el currículo pensado para el estudiante medio y al margen de su contexto social. Ya a principios del siglo XX, el descrubimiento de que los niños y adolescentes presentaban unos rasgos específicos supondría un giro copernicano en la concepción del proceso de aprendizaje. Surge la Nueva Escuela, que partía de una serie de principios: la actividad escolar basada en la enseñanza de la observación y en la experimentación, lo que presuponía la autoeducación de los escolares; la educación cívico – moral; la solidaridad, el aprendizaje de la convivencia y, por consiguiente, de la democracia; la superación de la cultura del libro como único medio de información. Las escuelas y universidades salen del salón de clase para integrarse en el mundo social y los programas educativos serían de carácter global, que hoy diríamos holísticos (Montessori, Dewey, Illich, Piaget); surge la pedagogía científica vanguardista. John Dewey decía, a modo de muestra: Nunca educación directa, sino indirecta por medio del ambiente. Y Piaget lanzó este principio provocador: Todo lo que enseñamos al niño impedimos que lo aprenda por sí mismo. Pablo Freire tiene una concepción radical de la educación que comporta una teoría del cambio y compromiso social, lo que conlleva la lucha contra la opresión para así evitar el sufrimiento humano. La escuela democrática que propugna está centrada en el educando por medio de la práctica pedagógica. A finales del siglo pasado se habla de estructuras y procesos cognitivos, del constructivismo que destaca el rol activo del educando que es al mismo tiempo educador de sí mismo, y de la práctica del aprendizaje significativo, que consiste en relacionar los nuevos conceptos adquiridos con los ya previamente asumidos. En los nuevos procesos se integra la investigación de la acción, que consiste en integrar la experimentación científica en la acción social, mediante un proceso cíclico de exploración, actuación y valoración de resultados. Existen, además de la inteligencia racional, otras múltiples inteligencias, ya existen varias publicaciones en el mercado que hablan de su existencia y de su estimulación, de como se manifiestan y como funcionan. Hay una, la inteligencia emocional cuya importancia es vital en el proceso actual educativo. Tenemos dos mentes: una que piensa y otra que siente. Estas dos formas fundamentalmente diferentes de conocimiento interactúan para construir una vida mental. La racional es la lógica, reflexiva, consciente, analítica. La inteligencia emocional es poderosa e impulsiva, ilógica a veces, y está compuesta de sentimientos, miedo, ira; es la mente emocional. Las ideas y los sentimientos chocan, a veces, y es cuando la razón debe guiar los sentimientos. Es el corazón, aunque no se siente con el corazón, pero respetamos su simbolismo, y la cabeza. Cuanto mayor es el sentimiento, cuanto más intenso, más dominante se vuelve la mente emocional y más ineficaz la racional. Las emociones y las intuiciones guían nuestra vida cuando está en peligro. Aunque puede existir antagonismo entre los dos, lo ideal es que actuen en armonía para guiarnos en nuestra travesía existencial; pero son facultades semi-independientes, operan en circuitos distintos, pero interconectados en el cerebro. El cerebro emocional existió mucho antes que el racional. Y de estas áreas emocionales, millones de años más tarde en la evolución, surge el cerebro pensante o neocorteza, tejidos enrollados que forman las capas superiores. En el sistema límbico, tálamo, situado en la base del cerebro y en la parte superior del tronco cerebral, se encuentra el amor, el temor, la ira y el resto de los sentimientos, lo que constituye el cerebro emocional que es capaz de aprendizaje y de memoria. La neocorteza del homo sapiens es el asiento del pensamiento. Anatómicamente, el sistema emocional puede actuar con independencia de la neocorteza, y es aquí cuando puede resultar perjudicial o muy perjudicial: maltrato físico, violencia, asesinatos, cuando es sin premeditación ni alevosía. El sentimiento de ira, de venganza, de posesión, puede extralimitarse. La función de la educación emocional consiste en que esos sentimientos sean analizados por la neocorteza o inteligencia racional y así crear un dominio, control, integración y funcionalidad de dichos sentimientos. Es un hecho muy fácil de analizar que las mayores gratificaciones y satisfacciones provienen de los sentimientos, como es fácil de entender también que las mayores privaciones, dolores, sufrimientos y hasta tragedias, los produce el sentimiento. Veamos:¿Se puede vivir sin ideas? Sí, y las que tenemos no suelen ser nuestras. ¿Podemos vivir sin sentimientos? Es claro que no, y todos son nuestros, personales, personalísimos. El equilibrio intrapersonal, la armonía de nuestros sentimientos, la madurez emocional, el control y manifestación adecuado de nuestros sentimientos son la clave de la personalidad y de la felicidad personal. La relación interpersonal, el contacto con la familia, el grupo de amigos y compañeros, constituye el éxito o fracaso social. El cociente intelectual es tan importante como el emocional y éste tanto como el intelectual. Y en caso de problema, personalmente, prefiero a una persona equilibrada emocionalmente a un superdotado, pero desajustado. Tener los adecuados umbrales de frustración, aprender a encajar los golpes sin responder inmediatamente, relativizar y domeñar los sentimientos, podría evitar tragedias como las del instituto Gutenburg en Alemania, y las anteriores de Estados Unidos. La violencia doméstica, el maltrato de menores,… todos tienen su fundamento en una inadecuada inteligencia emocional, que está relacionada con valores, pautas y actitudes del contexto sociocultural. Que los mass media, poder e influencia mediática, constituyen un potente instrumento educador y deseducador de las sociedades no lo discute nadie; como el impacto de los cómics: Superman, Batman, Spiderman, Tarzán, Mafalda…; también sienta cátedra la publicidad. El arte convencional (la pintura, por ejemplo) se dobló en publicidad, en propaganda: El Guernica de Picasso, los murales didácticos del mexicano Diego Rivera. La radio, el cine, la televisión y la prensa avasallan, educan y deseducan, construyen y destruyen, atan y esclavizan de forma alienante. Los políticos saben de los cuartos poderes, y los artistas. La televisión en España, con la operación triunfo, lanzó a la fama y a las superventas a personajes ayer totalmente desconocidos. El cartel, los fotomontajes, los discos, técnicas de potentes efectos didácticos entre las masas, todos son referentes culturales, además de las fuentes bibliográficas, que no podemos olvidar sin caer en el anacronismo o en el regreso a la escuela decimonónica del maestro y del libro. Por lo tanto la escuela – universidad son un sistema complejo de relaciones e intercambios en los que las ideas, actitudes, valores, surgen de múltiples fuentes y fluyen en diversas direcciones y en los que los ejemplos y actitudes de maestros y bibliotecarios educan o deseducan. Las fuentes de información y educación no son sólo las bibliográficas, ya que existen otros referentes relevantes simbólicos en el proceso educativo, como hemos indicado. El contexto familiar, invadido a su vez por los poderosos medios de comunicación audiovisual, ejerce un poderoso influjo en el desarrollo de los conocimientos y habilidades, en la transmisión de información y en la generación de expectativas, actitudes y valores de sus integrantes. En este aspecto, el déficit más preocupante de las nuevas generaciones no se sitúa en el volumen de información acumulada, sino en el desarrollo de actitudes, expectativas y valores que favorezcan el crecimiento autónomo de los sujetos y la convivencia satisfactoria de los grupos y colectividades. El énfasis educativo no debe situarse, por tanto, ni en la asimilación de la cultura privilegiada, sus conocimientos y sus métodos, ni en la preparación de los individuos para las exigencias del mundo laboral, o para encajar el proyecto histórico colectivo, sino en el enriquecimiento crítico de la persona, constituida como sujeto de sus experiencias, pensamientos, deseos y afectos. Se impone salir, de nuevo, del salón de clase y explorar las nuevas vías de conocimiento y aprendizaje, después de pronunciar un no rotundo al pensamiento único, impuesto por la fuerza de la economía. Sí a una mayor sensibilidad, humanismo, solidaridad y éticas de mutuo respeto. Sí a la búsqueda de escuelas – universidades más creativas e innovadoras para crear una sociedad más justa y solidaria. Para ello se reivindica la figura del educador (padre, maestro, bibliotecario…) tenaz, pero tierno, con vocación y apasionado, comprensivo y comprometido con los problemas socioculturales y con las causas de los más desfavorecidos. Faltaría a la verdad histórica, si negase las conquistas obtenidas en el proceso de enseñanza – aprendizaje, en la modernización del sistema educativo y en una mayor igualdad de oportunidades. Pero también es evidente que, hoy por hoy, subsisten carencias y enormes desigualdades que, lejos de corregirse, se están agravando. Existen demasiadas brechas entre los países del Norte y del Sur y en el interior de ellos, con un porvenir repleto de incertidumbres, complejo y globalizado, que conviene leer e interpretar con una mirada pluridimensional y multidisciplinar. © 2002 Dr. Primitivo Martínez
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